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M. Robinson (Saint-sinner)

1. El santo 


No conocía la oscuridad y la maldad que se escondía dentro de mi hasta que tuve que matar para sobrevivir. Forzado a convertirme en mi peor enemigo. Con demasiada sangre en mis manos, estaba sorprendido de aún poder ver mi propia piel. 
Maté. Torturé. Amé...
Jugué a ser Dios mientras me pudría en el infierno. Aumentar el control y el poder era la única manera en la que sabía cómo vivir. No tenía otras opciones.
Si no eras mi amigo, eras mi enemigo.
Si no estabas conmigo, estabas en mi contra.
Traidores, como los llamaba. No había líneas imaginarias. Las crucé todas. Sin límites. Sin segundas oportunidades. Sin perdón.
No para mi. Para ellos. Para todos.
Solo para ella...
Ella me amó. Siempre convencida de que era un santo, nunca creyó que solo era otro pecador. Un maldito monstruo. Hasta que fue demasiado tarde.
Excepto, que yo no escogí esta vida. Ella. Me. Escogió. A. Mi.

M. Robinson (The good ol' boys)

1. Complicate me 


Era complicado, también era sólo el comienzo.
Una decisión.
Una elección sencilla.
Siempre hay un momento en la vida donde las cosas podrían haber sido diferentes. Ese momento en el que podrías haber elegido un camino que te conduciría por un lugar determinado.
Una vida diferente.
Era más fácil fingir que seguíamos siendo los mejores amigos, y que ella era mi chica y yo su chico.
Fingir era mejor que saber la verdad...
Nos arruiné.
La tenía.
La perdí.
La amo.
Todo lo que hice fue complicarnos.

M. Robinson (The devil)

1. El diablo


Yo fui despiadado. Me temían. Me había sacrificado. A mí mismo. Su todo...
Vivir en un mundo donde valía más la muerte que la vida era una elección. Yo era un mal hombre, nunca pretendí ser otra cosa. He hecho cosas de las que no estoy orgulloso. Visto cosas que no se pueden ver. He causado dolor que no puedo deshacer.
Todo fue mi elección. Cada decisión. Cada orden. Lo correcto y lo incorrecto nunca importó. Hasta ella.
Ella estaba bajo mi protección, hasta que se convirtió en mi obsesión.
Pero quién iba a salvarla...
De mí. El mismo Diablo. El destino nos unió, mismo que se encargó de destruirnos.