1. Oscar
Isla Gallagher llega a las Salt Mountains con una sola misión: romper el contrato matrimonial que nunca quiso firmar.
Lo que no sabe es que el hombre que encuentra en la cabaña no es su prometido.
Y Oscar “Ozy” McGonagall no piensa corregirla.
Ozy no debería estar allí. No debería haber sido el primero en ocupar la cabaña familiar. Y, desde luego, no debería aprovecharse de la confusión de Isla para cobrarse una venganza contra su hermano, al que no ha perdonado.
Pero entonces la nieve los deja encerrados.
Una cabaña perdida en las montañas.
Un mes de convivencia forzada.
Una mentira que cada día pesa más.
Y una atracción que arde demasiado cerca del fuego.
La abuela McGonagall está convencida de que la leyenda familiar es cierta: quien pasa un mes en la cabaña de Salt Mountains encuentra el amor verdadero. Por eso ha decidido enviar allí a cada uno de sus nietos, aunque tenga que engañarlos para conseguirlo.
Isla solo quería cancelar un acuerdo.
Ozy solo quería ajustar cuentas.
Ninguno de los dos esperaba encontrar algo tan peligroso como irresistible.
Porque cuando la verdad salga a la luz, no bastará con romper un contrato.
También podrían romperse el corazón.
2. Sam
Lindsay necesita desaparecer.
Ha fotografiado algo que podría costarle la vida, y la cabaña de las Salt Mountains le parece el único lugar lo bastante perdido como para esconderse.
El problema es que la cabaña ya está ocupada.
Febrero es el mes de Sam McGonagall, un abogado millonario tan arrogante como reservado, tan codiciado como alérgico a que nadie se acerque demasiado. Y si hay algo que no soporta, son las cámaras.
Lindsay vive detrás de una.
Encima, llega con una prueba peligrosa, demasiados secretos y cero intenciones de confiar en el hombre que la recibe como si ella misma fuera una amenaza más.
Sam solo quería cumplir el mes impuesto por su abuela y sobrevivir a la leyenda familiar sin enamorarse, sin hablar de su pasado y, sobre todo, sin dejar que una reportera gráfica removiera heridas que lleva años enterrando.
Pero la nieve no perdona.
La cabaña no facilita las huidas.
Y Nancy McGonagall está convencida de que, si Lindsay tiene que esconderse con un McGonagall, mejor que sea con uno que sepa protegerla.
Lindsay guarda un secreto.
Sam, una herida que no piensa compartir.
Y cuando un beso cambie todo lo que creían saber, descubrirán que algunas leyendas familiares no son tan inofensivas como parecen.
Una cabaña.
Dos secretos.
Cero intención de enamorarse.
3. Ben
Ben McGonagall no quiere subir a las Salt Mountains.
Odia esa cabaña, la evita desde hace años y haría cualquier cosa por no pasar allí un mes entero. Para Ben, ese lugar guarda un secreto. Uno que lleva veinticinco años intentando olvidar.
Así que idea un plan tan brillante como cuestionable: enviar a Hope Blake, su asistente, en su lugar.
El problema es que Hope odia a su jefe con todas sus fuerzas.
Para ella, Ben McGonagall es arrogante, prepotente, insoportable y demasiado consciente de lo guapo que es. Lo único que quiere es que acepte de una vez por todas su carta de dimisión y la libere del contrato que la mantiene atada a él.
Por eso, cuando Ben le ofrece un trato imposible de rechazar, Hope acepta.
Ella ocupará su lugar en la cabaña.
Él le dará la libertad que tanto desea.
Parece sencillo.
Hasta que Jeanette McGonagall demuestra, una vez más, que siempre va tres pasos por delante de sus nietos.
La cabaña no acepta sustitutos.
La abuela no acepta trampas.
Y algunos pactos obligan a compartir mucho más que un techo.
Entre discusiones, secretos del pasado, una convivencia forzada y una química que ninguno de los dos esperaba, Ben y Hope descubrirán que odiarse era mucho más fácil cuando no tenían que fingir que aquello no se les estaba yendo de las manos.
Una comedia romántica de jefe y empleada, enemigos a amantes, pactos imposibles y una cabaña que nunca se equivoca.


