1. El duque no se casó
Amelia Ivanosen, princesa de Wesloria, había estado coqueteando y esquivando por muy poco los escándalos. Antes de que hiciera algo demasiado extravagante, la enviaron a Inglaterra y contrataron a Lila Alexander, ilustre casamentera de la alta sociedad.
Mientras estaba alojada en la finca de unos amigos de la familia, los Iddesleigh, lady Alexander fue presentándole a varios solteros muy codiciados, pero… no surgió la chispa. Parecía que a la princesa solo le atraían los hombres poco adecuados para ella.
Junto a la finca de los condes de Iddesleigh vivía Joshua Parker, el duque de Marley, un hombre hosco y solitario. Por un buen motivo: su esposa había muerto al dar a luz y su hija tampoco la había sobrevivido. Cuando un buen amigo de Joshua lo arrastró a una velada en casa de sus vecinos, Amelia y él se desagradaron al instante. Sus bromas eran sarcásticas y acaloradas. Él era un presumido y un sabelotodo. Ella era una princesa egocéntrica y molesta.
Entre ellos sí saltaban chispas o, más bien, fuegos artificiales, pero se odiaban.
Entonces, ¿por qué no podían dejar de pensar el uno en el otro?
2. El vizconde que me fastidió
Al lado del último diamante de la temporada social, Harriet (Hattie) Woodchurch se sentía una chica del montón. Pero eso carecía de importancia, porque su plan de futuro era ganar suficiente dinero para vivir muy muy lejos de su embarazosa familia. Y así fue hasta que Mateo Vincente, duque de Santiava y recién nombrado vizconde Abbott, llegó a Londres. Aunque el inglés hablado del tímido europeo era impecable, el escrito era menos fluido. La alta sociedad estaba ansiosa por conocer al guapo soltero, y llovían tantas invitaciones que Mateo necesitaba una secretaria para ocuparse de la correspondencia.
Con su caligrafía perfecta y su don de palabras, Hattie fue recomendada para el puesto, y los dos crearon un vínculo a través de los libros y las señoritas casaderas de la alta sociedad. Pero cuando Flora, la amiga de Hattie, se quedó prendada del vizconde, las cosas se complicaron. Flora no sabía qué decir en su presencia. Para ayudarla, Hattie le daba información sobre los intereses de Mateo. Pronto las cosas dieron un giro y Flora parecía encaminada a convertirse en su duquesa. Sin embargo, Mateo no estaba convencido. La conversación con Flora no era tan chispeante como lo era con Hattie…

