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Yolanda Diaz de Tuesta (Tamesis)

1. Una mañana en el Tamesis


Lo que al principio es tan solo una apuesta se convierte en una bonita historia de amor a orillas del río Támesis.
James Keeling, duque de Gysforth, ha hecho una apuesta con sus amigos, en Brooks's: dará un paseo matinal en barca por el Támesis con una dama totalmente desconocida, alguien a quien no haya visto jamás, y con la que no haya hablado nunca. Algo que parece imposible de cumplir hasta que, durante una partida de cartas, coincide con un muchacho consumido por el ansia del juego, el nuevo y flamante conde de Saxonshare.
Lady Bethany Howland, hija del antiguo conde de Saxonshare, sabe que está abocada a la ruina más completa. Su primo y tutor está dilapidando la fortuna familiar con su enfermiza afición al juego y la mala vida, y ella no tiene modo de impedirlo. Atrapada por los convencionalismos de la sociedad en la que vive, su única ilusión es el romántico enamoramiento que siente por el duque de Gysforth, al que solo ha visto de lejos.
El hombre que, una mañana en el Támesis, le romperá el corazón.

2. Una tarde en el Támesis


Pero, cuando surge el amor, como un fuego abrasador que todo lo arrasa, ¿acaso algo más importa?
Harriet «Harry» Waldwich Saint-George, hija del conde de Trammheran, tuvo que salir de Inglaterra siendo una niña, por un suceso que tardó muchos años en comprender y que terminó con la destrucción de su familia. Ahora, doce años después, regresa, dispuesta a conseguir respuestas... y a actuar en consecuencia.
Y solo tiene un nombre por el que empezar su búsqueda: Rutshore.
Todo el mundo sabe que Edward Truswell, marqués de Rutshore, es un hombre dedicado a sus libros y al conocimiento de la Historia, alguien reservado y muy discreto. De hecho, cuando la sociedad inglesa piensa en el grupo de grandes amigos que forma con lord Gysforth y con lord Badfields, su nombre es el que menos interés suscita. Es el que siempre puede olvidarse, el que pasa desapercibido.
Pero, eso solo sucede en Londres...
Con la excusa de una apuesta hecha con sus amigos, Edward y Harriet se conocen en Sleeping Oak y dan un paseo en barca que es el detonante de una relación tan compleja como apasionada. Desde el primer momento saben que, en su guerra particular, esa que han heredado y de la que no pueden desentenderse, pertenecen a bandos distintos.

3. Una noche en el Támesis


Un paseo en barca al anochecer, un encuentro que se enreda en un entramado de engaños, y que puede llegar a provocar un desastre.
Y es que, ¿de verdad puede el amor perdonarlo todo?
Han pasado varios años desde que desapareció Minnie, la hermana pequeña de Arthur Ravenscroft, marqués de Badfields, pero él no se ha detenido en el empeño de encontrarla y volver a llevarla a casa, a salvo con su familia. Está decidido a todo con tal de lograrlo, incluso al engaño y el secuestro. Es un hombre sin límites. Ni la ley ni la moral se interpondrán en su objetivo.
Ishbel Puscat, hija del duque de Dankworth, tiene clara una cosa: será ella quien elija al hombre con el que recorrerá el camino hacia el altar, ella y ningún otro. Por eso, tras descubrir que su padre la ha prometido sin consultar su opinión, y con alguien a quien detesta, decide embarcarse en un plan tan loco como arriesgado: arruinar su reputación con uno de los mayores crápulas de Londres, el pérfido marqués de Badfields.

Yolanda Diaz de Tuesta

Una mañana en el Tamesis 


James Keeling, duque de Gysforth, ha hecho una apuesta con sus amigos, en Brooks's: dará un paseo matinal en barca por el Támesis con una dama totalmente desconocida, alguien a quien no haya visto jamás, y con la que no haya hablado nunca. Algo que parece imposible de cumplir hasta que, durante una partida de cartas, coincide con un muchacho consumido por el ansia del juego, el nuevo y flamante conde de Saxonshare.
Lady Bethany Howland, hija del antiguo conde de Saxonshare, sabe que está abocada a la ruina más completa. Su primo y tutor está dilapidando la fortuna familiar con su enfermiza afición al juego y la mala vida, y ella no tiene modo de impedirlo. Atrapada por los convencionalismos de la sociedad en la que vive, su única ilusión es el romántico enamoramiento que siente por el duque de Gysforth, al que solo ha visto de lejos.
El hombre que, una mañana en el Támesis, le romperá el corazón.

Yolanda Diaz de Tuesta

Trazos secretos


Richard Arlington abandonó sus labores en el servicio secreto inglés al tener que asumir repentinamente el título de Duque, tras la muerte de su hermano mayor. No echaba de menos aquella vida y no deseaba volver a ella, pero, cuando su hermano pequeño, Charles, es asesinado, no le queda más remedio.
Charles murió mientras investigaba la posibilidad de que un pintor español, Eugenio Cruz-Ortega, fuese la Sombra, uno de los espías más activos y sanguinarios de los últimos tiempos.

Yolanda Diaz de Tuesta

El mal causado


Tras lo ocurrido diez años antes, un hecho terrible que la impulsó a abandonar su hogar, Natalia regresa a Bilbao. Hija de Salvador Chueca, un detective privado que considera que su mundo no es apropiado para una mujer, decide trabajar con el hombre que en el pasado le causó tanto daño, pero del que sigue enamorada, a pesar de todo.
Javier Balboa, hijo de la amante de Salvador, jamás le ha perdonado que no se casase con su madre. En su momento, siendo un muchacho lleno de dolor y furia, intentó vengarse de él a través de su hija Natalia, pero fue un mal que se volvió en su contra, pues llevaba consigo su propia penitencia. Desde entonces, nunca ha podido olvidarla y sabe que será poco probable que ella le perdone.
Sin embargo, cuando a través de un entretejido de casos Natalia y Javier se ven abocados a convivir juntos durante muchas horas, ambos intentarán avanzar en su relación, limpiar de antiguos odios su existencia y construir un futuro para los dos.

Yolanda Diaz de Tuesta

En aguas extrañas


Año 1666. Mariana Sánchez de Orozco ha llegado a Sevilla para viajar en la Flota de Indias y reunirse con su prometido en el Nuevo mundo. Sin embargo, el día anterior a embarcarse, su tutor, el conde de Ferralta, aparece muerto en su habitación de la posada. Mariana sospecha que se trata de un asesinato, y sabe que algo grave está ocurriendo, pero cuando el notario Cosme Heredia le informa de que su prometido lleva años dedicado a la piratería, no cabe en sí de asombro. 
Debe reunirse con él y llevarle un supuesto perdón real, pero tiene un problema: en la Flota de Indias no pueden viajar mujeres solas, únicamente las acompañadas de familiares varones o las que sean capaces de probar que han sido reclamadas desde el Nuevo Mundo por sus familias. 
Mariana carece de ambas cosas, pero el notario Heredia le ofrece una solución: un buen «matrimonio por sorpresa».