1. Mason
Mi nuevo trabajo como fisioterapeuta de los Ice Intruders debía ser un reto, pero jamás habría esperado que se convirtiera en una lucha constante. Y mucho menos con Mason Carter, el huraño capitán del equipo, que parece decidido a deshacerse de mí cuanto antes.
Saltan chispas entre nosotros en cuanto estamos en la misma habitación, y, por desgracia, tengo que ocuparme a diario de su hombro destrozado, que necesita reposo en lugar de constantes choques con los enforcers rivales.
Mason y yo, a solas en una habitación, no puede acabar bien durante mucho tiempo. Primero vuelan los trapos sucios y luego la ropa…
Y cuanto más intentamos ignorarnos, más rápido volvemos a chocar.
Pero no he venido a Nueva York para que me rompan el corazón. Ni para que me despidan, porque las relaciones dentro del equipo están prohibidas y el entrenador encadena un mal día tras otro.
Por mucho que Mason me mire con esos ojos oscuros y susurre:
-Te estás metiendo en terreno muy peligroso, Annie.
2. Caden
Tenía pensado tomármelo con calma en Nueva York, pero ya la primera noche choco con un tipo huraño y ancho de espaldas… y pasamos juntos una noche ardiente. Poco después, vuelvo a verlo. Caden «Crusher» Collins. El mejor enforcer que los Ice Intruders han tenido jamás en el equipo. Caden sigue siendo huraño, ancho de espaldas e inaccesible, y cada vez que estamos a solas vuelan los trapos sucios, hasta que la ropa también acaba por los suelos.
Por desgracia, el entrenador Nash, ha dejado claro más de una vez que su niñita es intocable.
Peor aún... Caden y yo no dejamos de chocar. Es casi como un hechizo, porque cuanto más intentamos alejarnos, con más fuerza volvemos a estrellarnos el uno contra el otro.
Pero lo peor de todo es que tengo que pasar cada minuto libre en el Allstar Arena con mi cámara para cumplir los requisitos de mis estudios en la NYU.
Yo, encerrada con mi padre conservador y sobreprotector, la estrella de la NHL más huraña y más sexy de todos los tiempos y una docena de pruebas de embarazo que muestran todas una rayita de más… es una receta para el caos, ¿no? Pues eso es quedarse muy corto…




