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Adriana Hartwig

El maldito


En Colonia San Pedro, la recién llegada Lucía Ferrara, maestra rural, se ha puesto como misión educar a los niños aborígenes del lugar que no asisten usualmente a clases. Es allí donde se topa con la mayor resistencia: muchos de ellos no estudian porque deben trabajar en la finca Los Cigarrales. Es allí, también, donde se topa con la leyenda: hace años, los dueños del establecimiento tuvieron que dejar la colonia porque los lugareños acusaron a su hijo, Santiago Aldama, de ser un asesino, la encarnación de un mítico personaje fantástico de la zona.
Cuando Santiago retorna a Colonia San Pedro para dirigir la finca, se encuentra, una vez más con la resistencia popular: otra vez la leyenda amenaza con expulsarlo.
Decidido a quedarse, hará un pacto con Lucía: ella deberá limpiar la imagen de Santiago frente a los pobladores; él le permitirá tener una escuela para los niños de Los Cigarrales. Entre la conveniencia y la desconfianza, entre los secretos que se ocultan, nacerá una atracción peligrosa entre ambos.

Adriana Hartwig

El farol del diablo


En las noches oscuras puede verse en el campo una luz a lo lejos. Los lugareños se horrorizan y escapan entre rezos y santiguos: saben que es un alma que no ha purgado sus penas, que sigue en el mundo de los vivos. A esa luz, la llaman el farol del diablo. 
María Fernanda Carnicer es médica. En la ciudad de Corrientes, en los primeros años del siglo xx, no es habitual ni está bien visto que una mujer se dedique a la medicina. Algunos, incluso, en voz baja, la tildan de curandera. 
Juan de Dios Ferrara es mestizo y pertenece a la alta sociedad. Esta inhabitual conjunción provoca el rechazo de los sectores más conservadores. A él poco parece importarle; tampoco le importan los susurros que lo culpan de la inexplicable desaparición de su prometida días antes de la boda. 
Dos personas marcadas por las habladurías, en la misma ciudad, parece inevitable que se encuentren, que se cuiden entre sí, que se alíen, que se enamoren. Juntos, deciden poner distancia de esa ciudad que los juzga y trasladarse al campo. 
Allí, el farol del diablo se le revelará a María Fernanda con una intensidad cegadora: sueños en los que los ausentes le hablan, el olor pregnante de las rosas muertas que nadie más reconoce, voces que comienzan a habitarla, el misterio de mujeres de la zona que han desaparecido sin dejar rastros. 
Entre el terror y el romance, entre la novela histórica y las tradiciones populares, Adriana Hartwig nos trae una novela singular e inquietante a la vez, con personajes pasionales que transportarán al lector al torbellino de este relato.

Adriana Hartwig

Lady encanto


Lady Claudia Harlow ve el mundo a través de una miopía que oculta a los demás. En esa forma de mirar un tanto distorsionada, tal vez esté aquello que la distingue, que la acerca a un mundo de fantasías.
Conocida como lady Encanto, título honorífico a la regente más joven de Almack’s, el más afamado salón de Londres, ese mundo de ensueños se proyecta en la señorita Harlow y la transforma en el árbitro de la elegancia de la ciudad. Junto a otras damas, decide quién está a la moda y quién no; quién debe ser invitado a una fiesta y quiénes pueden ofrecer fiestas; qué evento es digno de ser visitado y cuáles no. En la inocencia de ese mundo cercano de la miopía hay también un atisbo de crueldad.
Por otro lado, lady Encanto, como cualquier joven dama de sociedad, busca a un hombre con quien desposarse. Ella, a pesar de conocer de memoria el proceder mundano de los salones, anhela un caballero tan impetuoso y distante como apasionado por ella, soberbio y atento hasta el más mínimo detalle.
¿Qué pasa, sin embargo, fuera de los bailes y los salones? Con esta pregunta, Adriana Hartwig parece poner a prueba el temple de nuestra heroína. ¿Qué sucede si aquellos a los que ha rechazado deciden vengarse, hacerle la vida imposible? ¿Triunfa la miopía del mundo cerrado, perfecto, ilusorio? ¿O triunfa el fango de lo real, de las calles deshabitadas, de los peligros cotidianos?
Con esta adorable novela, con esta intensa historia de amor, Adriana Hartwig nos presenta un personaje singular, una joven atrevida que comprende, finalmente, que ser fiel a la manera, miope o no, propia de ver el mundo es la manera de escaparse de cualquier convencionalismo.

Adriana Hartwig

El refugio perfecto para el constructor de castillos de naipes


Pese a la fama que lo precede, pese a que muy pocos resisten la tentación de evitar una partida de naipes con él, pese a la alegre compañía de truhanes y prostitutas, de caballeros y damas en fiestas de sociedad, Gabriel vuelve a su casa solo, rodeado de bruma; una niebla que lo acosa y lo persigue, que le recuerda que todo lo que tiene puede derrumbarse como un castillo de naipes.
El azar cambia sin explicaciones. En una mano, gana una finca en la provincia de Corrientes y, harto de todo, decide probar suerte en las tierras de las que ahora es dueño. Allí, encontrará la propiedad habitada por Emilia Balmaceda y sus tres hermanos; sobrinos del hombre a quien le ganó las tierras. Entonces, comenzará otra partida: una en la que la habilidad con los naipes no servirá de ayuda; una en la que ambos deberán apostar a todo o nada para transformar ese lugar en un refugio que los contenga a todos.
Adriana Hartwig recrea un universo perfecto: desde los bajos fondos porteños hasta la Corrientes rural del siglo XIX. Con personajes indelebles, nos cuenta una historia de amor y desamparo; una huida y un refugio.