R.K. Lilley

Arreglos 

Había reglas en el juego de belleza por dinero. El dinero tenía el poder. La belleza seguía las reglas y hacía lo que se le pedía.
La novia.
Sabía lo que todos pensarían si supieran la verdad sobre mi matrimonio. Estarían sorprendidos y horrorizados. Y con razón. Era una mujer joven, moderna e independiente, y había hecho lo impensable. Había vendido mi virginidad a un mimado niño rico. A un extraño que no me amaba.
Y sí, lo hice todo por dinero.
El novio.
Mi novia era tan hermosa como inoportuna. Tan deseable como despreciada. No quería tener nada que ver con ella, pero eso no pareció importar en el momento en que se acercó lo suficiente como para tocarnos. Quería que me odiara más de lo que ella amaba los millones por los que se había vendido.
Quería despreciarla, pero desafortunadamente, quería follarla más.