Ana Steel (Amores peligrosos)

1. Cuando regrese noviembre 

No se regresa al amor, se regresa a la guerra...
y el campo de batalla es un noviembre que nunca termina.
Siete años de luto forzado no han sido suficientes para borrar la sombra de un amor perdido. Con veintisiete años y una vida «ordenada» en Nueva York, Peyton creyó que por fin había pasado página e iniciado una nueva «relación». Pero la vida, como siempre, tiene otros planes.
Noviembre, el mes de su cumpleaños, llega arrasando con todo a su paso, trayendo consigo viejos fantasmas del pasado. Un reencuentro fortuito con Kyle Ferriz, su primer y único amor, destapa una red de mentiras orquestadas hace siete años y la obliga a enfrentarse a la verdad: Kyle no la abandonó. Peor aún, Luke, su actual pareja, y Emma, la mujer que siempre ha rivalizado por Kyle, son piezas de un juego obsesivo y peligroso.
Atrapada en un torbellino de amor, traición y secretos, Peyton deberá luchar por su vida y la de quienes ama, mientras se debate entre un pasado que la marcó a fuego y un futuro incierto. ¿Será capaz de arriesgarlo todo por la segunda oportunidad que la vida le ha puesto delante, o el miedo a sufrir la hará huir una vez más?

2. Cuando el infierno nos encuentre


No se huye del pasado, se sobrevive a él…
y hay nombres que arden incluso cuando intentas olvidarlos.
Tras un año intentando recomponerse en Madrid, Meritxell cree haber encontrado una tregua.
Su ciudad, la rutina y la presencia inquietante, y peligrosamente atractiva, de Mateo, su vecino, parecen suficientes para convencerla de que puede empezar de cero. Pero un solo recuerdo basta para derrumbarlo todo:
Alessio Di Martino.
Once meses atrás, en Brooklyn, un encuentro inesperado la arrastró a una realidad marcada por secretos, lealtades rotas y una atracción tan intensa como imposible. Meritxell huyó. Intentó olvidar. Fingió que podía seguir adelante.
Hasta que Alessio llega a Madrid.
Y con él, todo aquello de lo que intentó escapar.
Entre amenazas veladas, verdades que salen a la luz y un deseo que nunca se apagó, Meritxell deberá elegir entre la calma que anhela y el fuego del que forma parte.
Porque el infierno asusta menos si se cruza por voluntad propia.
Y es que, a veces, el amor no es el refugio.
A veces, el amor es la tormenta.