1. Casada con el monstruo
Yo solía ser una campesina que residía en una vieja cabaña en Bristol, antes de que aquel hombre me llevara consigo para convertirme en su esposa. No entendía por qué me había elegido, una simple campesina sin conocimientos de lectura o escritura, pero me sentía afortunada, aunque mi mayor error fue confiar en él debido a mi ignorancia, incluso llegué a enamorarme de Benjamin Worsley, lo cual resultó ser mi sentencia de muerte, literalmente. Lo más extraño de todo fue que después de la boda, ese cariño que él me demostraba desapareció. El verdadero Benjamín mostró su lado más frío, ni siquiera me tocó en nuestra primera noche juntos, ni en las siguientes. Poco después, comenzó mi verdadero tormento. Benjamín trajo a una mujer al castillo Worsley, y supe por las sirvientas, que me odiaban, que era su ex prometida. Para empeorar las cosas, ella afirmaba estar embarazada de él, y Benjamín no lo negó. Viví bajo el mismo techo que su amante, pero a diferencia de ella, yo no tenía libertad. El castillo era como una prisión, y casarme con ese monstruo resultó ser un infierno. Cosas extrañas empezaron a suceder; mi esposo y su familia eran personas extrañas, y nunca debí haber descubierto el secreto que guardaba esa familia, ni por qué se casó conmigo en primer lugar. El propósito era espeluznante, al igual que él. Sobre todo: Nunca debí casarme con el monstruo.
2. Casada con el monstruo
Nevaeh
Me he despertado en un lugar desconocido, supuestamente casada y embarazada, con un esposo que no me conoce, y a quien yo tampoco recuerdo.
Ese hombre, siempre de mal humor, me echa de su habitación llamándome pervertida a pesar de que somos esposos, y me tiene harta. Solo quiero aprovechar la situación para conocernos mejor, así sea cuerpo a cuerpo, recuperar mis recuerdos, pero él no colabora.
Es un ogro con el ceño perpetuamente fruncido, mirándome con desdén, aunque a veces lo sorprendo observándome de manera extraña. Algo... ¿Cariñoso?. Especialmente por las noches, cuando se cuela en mi habitación. Finjo estar dormida porque me gusta cuando me abraza.
Me gusta cuando me toca, me besa impulsivamente y luego me rechaza. Pero, sobre todo, me gusta que, aunque no nos conocemos, parece no querer dejarme ir.
"Creo que me gusta mi esposo amargado" Benjamín
He despertado después de haber pasado supuestamente tres largos meses inconsciente. Una mujer desconocida estaba a mi lado; dicen que es mi esposa y, para colmo, está embarazada de mí.
"Soy un hombre que se suponía iba a morir virgen".
Ella no me conoce, yo tampoco a ella. Es una campesina altanera y maleducada que me irrita con su voz chillona. Es odiosa, no me respeta. ¿De verdad me casé con una mujer así? ¿En qué demonios estaba pensando?.
Sin embargo, lleva a mi hijo. No puedo creer que me haya acostado con ella. A pesar de echarla todo el tiempo, ella sigue ahí, persistente, fastidiando mi existencia.
Lo que más me molesta es que, supuestamente, todo de ella me irrita, pero al mismo tiempo no. No me gusta verla hablando con nadie más, me molesta que siempre diga que se divorciará de mí sabiendo que lleva a mi hijo en su vientre, y sobre todo, no me gusta tenerla lejos.
Tengo que luchar todas las noches contra el impulso de ir a su habitación y escabullirme bajo sus mantas. Ese maldito impulso siempre gana, y me siento bien haciéndolo.
No sé por qué mi corazón late tan fuerte cuando la veo, no sé por qué siempre tengo el impulso de besarla, y no sé por qué no quiero dejarla ir sabiendo que somos dos extraños que parecen no encajar.
"Solo sé que... debí amarla mucho, y creo que el sentimiento está más vivo que mis recuerdos".

