Delora L. Pereñíguez (Eire)

1. El dueño de mis sueños 


Recuerdo las palabras: ‘‘para siempre’’. Pero no a quien se las dije.
Llevo una vida sin recuerdos, pocos se retornaban en mi mente desde aquel fatídico accidente cuando tenía dieciocho años. Y todo hombre se acercaba a mí con un propósito: utilizarme. Y ya estaba harta de ellos y de ser la buena y obediente Adalia. Todo tenía un límite. Por ser la hija rica del famoso diseñador de moda Peter Kinghtley a ningún hombre le daba derecho de utilizarme. Nada en mi vida era un cuento de hadas. Y empecé a sentir que en mi pecho no latía un corazón para amar. Los sueños de un chico de rostro borroso (al que a veces llamaba Thief) se hacían más presentes, y mi vida se volvía más desdichada y vacía sin un pasado claro. Hasta que llegó Darién. El roce de sus manos sobre mi cuerpo hizo desencadenar todo lo que parecía dormido, pero había algo más dormido aparte de mi corazón, algo que me aterraba descubrir. Nos conocimos en una extraña circunstancia pero su mirada me atrapó, él era tan dulce, enigmático, atento y con un innegable atractivo, aunque a veces era algo irritante. Pero él era diferente. Y el halo de misterio que lo envolvía me hacía pensar que guardaba sus propios secretos, y para qué engañarme, su trabajo no me importaba. Y entonces cometí una locura, le propuse algo que tenía que ver con Éire; Irlanda. Una tierra plagada de leyendas, secretos perdidos, imponentes castillos y paisajes salvajes donde encontrabas infinitos matices verdes. ¡Estaba loca! No sé qué me llevó a hacerlo. ¿Mi corazón? ¿Mi instinto? No lo sabía. Los sueños persistían, y el anhelo de mi alma me pedía cada vez más que buscara al chico borroso de mis sueños, presentía que era real, pero no podía deshacer todo lo que me hacía sentir Darién. Me sentía atrapada entre dos sentimientos.

1'5. Deva


Su viaje a la isla de Bali estará lleno de trabajo y placer… o no. A veces los planes no salen como uno tiene previsto. Después de su reencuentro, Darién y Adalia pensaron que nada podría separarlos, que unidos podrían contra cualquier adversidad que impusiera el destino. Pero su reencuentro solo será el comienzo de algo inimaginable. Algo que nunca imaginaron. Los sueños pueden quebrarse y la esperanza quedarse en el olvido si no consiguen alejar la oscuridad que intentará debilitarlos para siempre.
Darién:
Una vez más siento que el peligro se cernía sobre nosotros. Y el Protector que tenía en mi interior nacía con más fuerza, y con un carácter más salvaje y titán. Juraba por los dioses celtas que no tocarían lo más sagrado que tenía en mi vida.
Adalia:
Darién desconfía de todo el mundo y no quiere separarse de mí ni un segundo después de lo que «sucedió». Pero si él era capaz de protegerme con su vida yo también protegería la suya. Nadie me alejaría de Darién.