El animal piadoso
El comisario Samuel Mol ya está jubilado y accede a volver, a título personal, al escenario de un crimen que él mismo investigó hace catorce años y que no pudo resolver. Un flamante matrimonio, formado por Beda Covalo y Melandro, apareció un día asesinado a tiros. El hecho de que el autor de El fulgor de la pobreza sitúe la acción (o la inacción, que también) en Celama es perfectamente coherente con la convivencia entre vivos y muertos (o sus fantasmas). Un policía muerto ya hace tiempo auxilia a Samuel Mol a encaminar sus intuiciones. El fantasma de un amante consuela la existencia de una mujer que no se resigna a su ausencia ("moriré en sus brazos"). Así estamos en el corazón del corazón de Celama. Samuel Mol, en la búsqueda tenaz del culpable o culpables del atroz crimen pasado, expone la estructura profunda de su compulsión a la piedad. Hecha de penas ajenas y de dolores familiares apenas en sordina.
