Tati Hayes (Los hermanos Morelli)

1. Su pequeña musa 

Lo llamamos una maldición familiar.
Obsesión. Fijación. Posesión.
Durante treinta y cuatro años, pensé que estaba a salvo.
Entonces la conocí: la bailarina que lo arruinó todo.
Me odia. Trabaja para mí.
Pero haré lo que sea para tenerla.
Intimidación. Amenazas. Chantaje.
Será mía, cueste lo que cueste.
Tenerla fue fácil. ¿Mantenerla? Ahí es donde empieza la locura.

2. Su pequeña muñeca


Los hombres Morelli no se enamoran. Solo reclaman. Acechan. Devoran... Es una maldición que corre por sus venas.
Cassian pasó toda su vida esperando a ver si la leyenda familiar era real, y entonces yo subí a su escenario y demostré que lo era.
Solo soy una bailarina exótica en su club. Pero en el momento en que me vio, algo dentro de él cambió.
Luego vino la fijación. La posesividad.
No se detendrá ante nada para aprisionarme. Para asegurarse de que soy suya en todos los sentidos en que una mujer puede ser poseída.
Es la obsesión en su forma más pura. Cassian no solo quiere mi corazón, quiere que toda mi existencia gire en torno a la suya.

3. Su angelito 


Los hombres Morelli no se resisten. Toman. Devoran… lo llevan en la sangre.
Pero Enzo Morelli intentó combatirlo. Mila había estado a su lado durante tres años, su asistente, invisible, ignorada, incluso mientras ardía de deseo por él. Anhelaba ser su maldición, su perdición, pero él la mantenía a distancia.
Hasta que ella se marchó.
La obsesión que intentó enterrar lo desgarró. Más oscura de lo que jamás imaginó. Ahora, cada pensamiento, cada movimiento, cada respiración le pertenece. La reclamará. La marcará. La poseerá, de maneras que no dejarán ninguna parte de ella intacta. Se había negado a ver que ella era su dulce condenación, pero ahora era imposible ocultarlo. ¿Podrá recuperarla antes de que se vaya para siempre?

4. Su pequeña presa


Soy un psicópata. Roto. Dañado.
Charlotte lo sabía, y se quedó.
Mi pequeño doctor intentó arreglarme, así que la estudié. Me aseguré de que cada camino que tomara la llevara de vuelta a mí hasta que escapar fue imposible. La cacé hasta que nuestras vidas se fusionaron irremediablemente.
La observo dormir. La acecho. Sabe que nunca me detendré... y no me lo pide.
Esto es podredumbre reconociendo podredumbre. Ella no huyó del monstruo, lo alimentó.