Aguas rojas
Un cadáver en el agua roja. Un chip oculto bajo la piel. Un mensaje que lleva diez años esperando a ser leído.
En los antiguos lagos mineros de La Arboleda, la lluvia no limpia la sangre: solo la oxida.
Cuando el cuerpo de un hombre aparece semihundido en aguas teñidas de rojo, rodeado por un círculo de piedras, la Ertzaintza teme estar ante un crimen ritual. Pero la autopsia revela algo mucho más inquietante: bajo una cicatriz antigua, la víctima lleva implantada una pequeña cápsula tecnológica.
Dentro hay un chip RFID.
Amaia Ugarte, inspectora de la Unidad de Delitos Tecnológicos, no cree en supersticiones. Cree en los datos. Pero cuando el contenido del dispositivo conecta el caso con la desaparición de su hermano Mikel, ocurrida diez años atrás, la investigación deja de ser un expediente más y se convierte en una cuenta pendiente.
A su lado, Unai Basterra, veterano de Homicidios, desconfía de todo lo que no pueda pisarse, tocarse o interrogarse. Y mientras la policía intenta contener el caso, Nerea Gabilondo, periodista de sucesos, está dispuesta a publicar la verdad antes de que aparezca el siguiente cuerpo.
